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Las obligaciones laborales, la fragilidad en las relaciones humanas, el aislamiento personal en las grandes ciudades, los conflictos en las relaciones prolongadas etc, hacen que cada vez más personas decidan vivir de forma independiente, y así disponer de un máximo de libertad y un mínimo de obligaciones y cargas familiares.
Pero a pesar de los atractivos de la vida independiente, los “singles” no se sienten a gusto solos. Sobre todo a partir de cierta edad adaptan el “living apart together”, que se basa en una relación estable con compromisos de fidelidad, implicaciones mutuas ante problemas, compartiendo tiempo libre etc.. pero manteniendo el “tú en tu casa y yo en la mía” , y posibilitando poder tener actividades independientes y amigos fuera del ámbito de la pareja.
En un mundo tan cambiante, en el que el trabajo ya no es para toda la vida. En el que los coches, electrodomésticos, ordenadores etc, se cambian porque resulta mas económico y gratificante que repararlos (porque además quedan en seguida obsoletos).En este mundo, también resulta inevitable aceptar las nuevas formas de relación de pareja.
Puede que sea la nuestra, una sociedad de “conexiones” más que de “relaciones”. La idea de “relación” tiene hoy connotaciones negativas y con un cariz de atadura y obligación, y la de conectarse nos ofrece un universo de relaciones libres y temporales.
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No se trata de sentar cátedra, ni de postular como mejor una u otra opción. Mi reflexión sencilla sobre la visión de esta realidad, es pensar en el mundo que nos ha tocado vivir. Con características propias, ni mejores, ni peores que las pasadas, sólo diferentes. Procuraré sacar el mejor partido a esta única e intransferible aventura que es la vida.