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vendredi 6 août 2010

Siesta.. ¿fiesta?


Estrenamos el mes de la siesta. Penumbra amarilla en el cuarto. La brisa calcinada, que apenas mece los visillos, huele a melón maduro. La casa dormita. Un velo de irrealidad cubre los muebles. La cabezada tras el almuerzo es una de las grandes aportaciones del mundo hispano a la cultura occidental, junto con el concepto de macho y los trabucazos emboscados de la guerrilla.

Existen diversas modalidades. La de sofá, botón desabrochado y película del oeste con arbustos rodantes. La llamada siesta del carnero o del canónigo es aquella que se practica antes de la comida del mediodía.

La más ortodoxa de las variantes, la que dormía Cela, exige cama y una duración épica, aunque adolece del inconveniente de que quien la ejercita se levanta desnortado, sin referencias temporales y con la cabeza embotada, de suerte que resulta un pésimo compañero para la partida de dominó de la tarde. ¡Ah, el sonido de revolver las fichas sobre el mármol!

Churchill fue un firme defensor de la siesta. Se acostumbró a ella (y a los habanos) en Cuba, adonde el Gobierno británico lo envió en calidad de observador poco antes del desastre del 98. Se acostaba tras la sobremesa incluso durante la segunda guerra mundial porque, decía, le ayudaba a afrontar las responsabilidades y convertía una jornada en dos.

Otro tanto le sucedía a Patricia Highsmith: cada vez que se atascaba en una trama detectivesca, un sueñecito le despejaba la mente. Este tipo de siesta, puro calvinismo anglosajón, es la más azarosa de las subespecies por lo que les cunde el día a sus adeptos. Está especialmente contraindicada para algunos obispos, ciertos jueces y pirómanos.

vendredi 6 février 2009

Mensaje en una botella

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" Toma la calle Saca al perro, ponte los patines,guiña un ojo, disfruta del sol, vete de compras, queda con ella o con él, o con todos,sientáte o muévete mientras hablas, bebe cuando caminas. La calle es espontanea, divertida y llena de color.
¿ Hasta donde vas a llegar hoy?
Voy contigo"

mardi 27 janvier 2009

Contra la tristeza...























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“Si estás triste deberías probar a contar chimeneas.
Tus ojos tienen receptores fotosensibles especializados que envían sus impresiones sobre los niveles de luz a una glándula de tu cerebro llamada glándula pineal.
En la oscuridad la glándula pineal produce melatonina, una hormona que causa somnolencia. La luz del día inhibe su secreción.Elevando tu campo de visión a la altura de las chimeneas tu cuerpo será capaz de mejorar tu humor.”

Esta tarjeta es obra Alex Ostrowsky tal y como aparece en
su página, simplemente, ¡Genial!

El problema es... ¿dónde puedo encontrar chimeneas?

lundi 26 janvier 2009

Atchisss... ¡Jesús!

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Leyendo a Javier su entrada de hoy, no he podido evitar indagar del porqué de la costumbre de contestar con un ¡Jesús!, tras (como define él : "Un picor en las fosas nasales que provoca un pequeño vendaval de aire que aspiramos y expulsamos, acompañado de una cortina de saliva pulverizada, con cierta violencia") un estornudo.
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Según el tren de las palabras, nos tenemos que remontar al pontificado de Gregorio 1. En esta época hubo en Roma, concretamente en el año 591 una epidemia de peste en la que los afectados morían estornudando, de aquí procede el ¡Dios te bendiga!, que más tarde se simplificaría diciendo ¡Salud!, ¡Jesús! o expresiones semejantes.
Avicena, médico y filósofo persa (980-1037), al describir la sintomatología de una epidemia de viruela, decía que un estornudo continuado anuncia por lo general el principio de la enfermedad y, por lo tanto, cuando se oye estornudar a alguien se pide a Dios que aleje de él el peligro.
Para el erudito guipuzcoano Justo Gárate, la salutación tras el estornudo comenzó a utilizarse en África, en el siglo VI, con motivo de la aparición de una epidemia, y fueron los árabes los que propagaron por el mundo la costumbre de invocar a la divinidad.

¿Sabías que un estornudo puede alcanzar de promedio una velocidad de 160 km por hora?

Por cierto, ¡qué bien se queda uno tras el estornudo!

mercredi 31 décembre 2008

Con mis mejores deseos para el 2009.


"Es costumbre en toda España que la última noche del año acompañemos las campanadas comiendo doce uvas de la suerte. Puede parecernos que esta tradición se remonta muchos años atrás, pero la realidad es que nisiquiera tiene un siglo de antigüedad.
¿De quién fue la idea de que comer uvas en Nochevieja trae buena suerte? Como muchas festividades actuales fue a partir de una estrategia comercial, cuando en 1909, por un excedente de producción, los productores de uvas se inventaron la leyenda de las uvas de la buena suerte.
Otro ritual es despedir el año con una buena cena. Esto proviene de la época de los romanos, los que celebraban el fin de año con una comilona, algo que se ha extendido hasta la actualidad.
La combinación de estas dos tradiciones, una más actual y otra más antigua, es algo muy mediterráneo y saludable, ya que nada mejor que comer fruta con las propiedades como las que tienen la uvas (casi no tienen calorías, aportan fibra y vitaminas) después de un auténtico atracón."
Curioso, ¿verdad?
¡Feliz Año Nuevo!